
Las villuercas y sus alrededores

El angustioso le llamaban, este personaje nació en Cañamero en 1790 y fue el mayor de 9 hermanos, al ser el mayor tuvo que asumir muchas responsabilidades y con tan solo 8 años le tocó hacerse cargo de una piara de marranos los cuales, se encargaba de ir recogiendo a lo largo del trayecto por las calles del pueblo, después de llevarlos a comer verdes pastos a las orillas del arroyo de Vacianchas deberían ser devueltos a los vecinos hasta el día siguiente. Al poco de cumplir los 12 años, y mientras estaba al cuidado de su hermana la más pequeña, esta tropezó junto a la hoguera que mantenían en el interior del hogar y la niña cayó encima de las llamas, cuando llegó a socorrerla, ya era demasiado tarde. Una profunda herida permanecería en sus entrañas hasta el final de su existencia. Tan solo un año más tarde se encontraba en el monte con el rebaño familiar de cinco cabras que ayudaban al sustento familiar, de repente una manada de lobos atacó al ganado y este tuvo que hacer frente en solitario y con la ayuda de un hacha al grupo de hambrientos animales, pero en la contienda una de sus cabras cayó en las garras de las fieras. Con la llegada del otoño perdió a su padre y un hermano a causa de un accidente ocurrido en las torrenteras del río Ruecas, estos se disponían a cruzar el torrente por la zona baja des desfiladero y un viejo puente construido con troncos de madera cedió y sus cadáveres fueron encontrados en los remansos de los huertos de Belén. Aún afloraba el dolor en el entorno familiar cuando una enfermedad termino con la vida de otro de los hermanos. Con los 18 años cumplidos un incendio en la casa les obliga a todo el conjunto a repartirse en las casas de los vecinos hasta la reparación de la misma. El destino parecía haberse cebado con esta familia de una manera terrible.
Cuando las tropas napoleónicas invadieron la península, un periodo de inestabilidad y guerras imperaban en la región, el joven paisano, un tanto harto de las adversidades que el azar había puesto en su desgraciado camino, se le presentó una oportunidad con la que maquillar su triste pasado, y de paso, acomodar el bienestar de su familia. Las tropas francesas necesitaban carne para abastecerse, por ello no dudaban en asaltar las haciendas y robar todo el ganado posible para el sustento del ejército francés, por estos motivos, desde la junta de Trujillo se acordó el traslado del ganado lanar para esconderlo en el intrincado Valle del Ruecas, y el ganado cabrío, ocultarlo en Berzocana, de este modo estaría fuera del alcance del enemigo.
Se encontraba nuestro paisano en la dehesa haciendo picón cuando fue sorprendido por un destacamento de soldados del bando invasor, estos le ofrecieron una buena recompensa si les ayudaba a encontrar unas cabezas de ganado para poder alimentar a sus compatriotas, el aldeano asaltado por la llamativa retribución les condujo hasta la preciada despensa.
Sus penas parecían ocultarse tras ver como su familia podía permitirse ciertos lujos, pero el pueblo comenzó a sospechar y no tardaron en averiguar la procedencia de aquellas riquezas, entonces lo repudiaron. El Angustioso tras verse apartado por sus paisanos comenzó a sentir un gran arrepentimiento, sus pensamientos lo martirizaban y para remediar aquellos males estaba condenado a limpiar su honor. Despidiéndose de su familia se marchó hasta el frente de batalla, allí, bajo las órdenes del general José Galluzo se alisto con el ejército de Extremadura donde en poco tiempo con su valentía y audacia, se ganó el respeto y la admiración de todos sus compañeros. Nuestro paisano se encontraba en la división que tenía la misión de defender el puente de Albalat sobre el Tajo, pero los franceses ganaron la contienda y además se hicieron con 300 prisioneros entre los que se encontraba El Angustioso, este planificó una fuga que llevaron a cabo con éxito entre 7 compañeros. Tras esta gesta, el general al mando, envió a nuestro paisano al mando de un pequeño grupo para impedir el paso de un numeroso grupo de franceses que pretendían avanzar por el Cañón del Hospital del Obispo, para reforzar la defensa de aquel paso contaron con la ayuda de algunos de los campesinos de las Villuercas. Nuestro paisano buscó un sitio estratégico y fue apostando a nuestros defensores en el quebrantado paso del Cancho del Ataque, tras una intensa lucha, nuestros defensores lograron aplastar al ejército invasor.
Una vez expulsadas las tropas de Napoleón de la península nuestro paisano regresó al pueblo, sus hazañas habían sido muy alabadas y con ello había obtenido el perdón de los vecinos, estos lo recibieron como un héroe y celebraron una fiesta en su honor.